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El Puerto de Santander pasa de pronosticar su hundimiento por los accesos irregulares a perder tráficos cuando ya no los tiene
Lo recordaréis si estabais por aquí o en otros sitios leyendo: el Puerto de Santander iba a prácticamente hundirse por los accesos irregulares a sus instalaciones y barcos (lo que la Autoridad Portuaria y quienes rebotaron su argumentario, empeñados durante meses en manchar la imagen de la seguridad, llamaron polizones a quienes la inmensa mayoría de los casos no lograban acceder, lo que impedía siquiera usar la palabra que se usa para quienes viajan en un barco sin pasaje).
Era la primera paradoja, que fluye directamente de aquellos argumentarios: uno de los mayores activos de la economía cántabra, los apellidos encadenados por guiones, era tan débil que no iba a resistir los ataques de un grupo de jóvenes que ni siquiera tenían agua corriente. En el camino, alguien pasó de hablar constantemente de polizones y de destacar su nacionalidad a al menos intentar apuntar a las mafias que, según decían esas voces –teóricamente trataban de ayudar al Puerto- campaban a sus anchas por un recinto estratégico que cuenta con policía propia, aduanas y con presencia de Guardia Civil.
Después vino lo que vino: el anuncio de un sistema de cuchillas para impedir los accesos (saltos, los llamaban, intentando concitar otras imágenes), primero en un tramo, y luego intentando extenderlo a todo, obviando los accesos por otras vías, por ejemplo, debajo de coches o camiones –controlados exitosamente por las fuerzas de seguridad, como reflejan los sucesivos partes policiales-.
Vino la presión de la sociedad civil, canalizada desde organizaciones como Pasaje Seguro, Amnistía Internacional, Cáritas o Juventudes Socialistas de Santander, y el Puerto poco a poco fue abandonando ese discurso, hasta descubrir que las cuchillas –que ningún puerto más usaba, que no se emplean ni en la frontera sur española, con seguro más trasiego que un puerto de, por mucho que alguno se creyera su propia propaganda, una ciudad que no es Gijón o Bilbao-.
En el proceso, el Puerto hizo un descubrimiento tecnológico impactante y novedoso: los drones de vigilancia. E incluso acabó consiguiendo fondos europeos para mejorar la seguridad de sus instalaciones, objetivo que nadie cuestionó nunca. Poco a poco, y aunque se mantiene un tramo de cuchillas, el propio Puerto abandonó el discurso trágico, que convivía difícilmente con sus constantes datos de récords históricos, pregonados por ellos mismos –la segunda paradoja consecuencia de su relato, la primera la comentamos unos párrafos más arriba–.
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Además, el cambio político autonómico se reflejó en la Autoridad Portuaria, ahora en manos del ex número dos del Ayuntamiento, y todo son mensajes de colaboración, integración y licitaciones. Por eso por aquí ha sorprendido –no seremos los únicos-, por la profusión de mensajes de récord tras récord y por la vinculación de los accesos irregulares a unos malos resultados que, ellos mismos lo decían, no estaban pasando, que una vez zanjada esa narrativa y el teórico problema, es decir, despejado el teórico obstáculo al hundimiento que nunca llegaba, que ahora sí que se produzcan resultados negativos en el Puerto de Santander.
En detalle, según datos conocidos esta semana, el Puerto de Santander ha registrado un desplome del 40,5% en el tráfico de mercancías en el inicio de 2025, achacados a situaciones meteorológicas aparentemente novedosas que no lo habían causado en otros inviernos.
Y ya en zoom, los datos de enero reflejan caídas significativas en los principales tráficos del puerto: los graneles sólidos han retrocedido un 58,4%, el tráfico rodado un 42,7% y el número de buques mercantes un 15,6%.
«HONDA PREOCUPACIÓN»
Es tan significativo el mal dato –los próximos meses confirmarán si fue un episodio puntual o el inicio de una tendencia- que tendrá su derivada política: el PRC, cuyos representantes gestionaban el Puerto la pasada legislatura, ha expresado su «honda preocupación» por esta fuerte caída.
El portavoz del grupo en materia industrial, Javier López Marcano, ha calificado el dato como «una pésima noticia» y ha advertido de que esta tendencia puede llevar a la infraestructura a «un declive similar al que vive el aeropuerto Seve Ballesteros», que viene denunciando reiteradamente quien fuera consejero de Industria y Turismo.
Así, el parlamentario regionalista ha instado al Gobierno de Cantabria y a la Autoridad Portuaria de Santander a tomar «medidas inmediatas» para revertir la situación y evitar una pérdida de competitividad. En su opinión, este retroceso es un reflejo de la «falta de planificación y de apoyo institucional» por parte del Partido Popular, que gobierna la comunidad.
Según López Marcano, estos descensos han sorprendido incluso a los responsables de la infraestructura, algo que ha considerado «increíble». «Es inaudito que quienes deben velar por la buena marcha del puerto se sorprendan ante un desplome de tal magnitud», ha afirmado. Frente a la explicación de la Autoridad Portuaria, que atribuye la situación a un episodio puntual, el PRC insiste en que «la pérdida de actividad no se puede dejar al azar».
En este sentido, López Marcano ha reclamado explicaciones y soluciones concretas para frenar la caída de los tráficos y garantizar el futuro de la infraestructura. «No permitiremos que esta infraestructura vital se convierta en otra víctima de la desidia del PP al frente de las instituciones», ha sentenciado López Marcano.
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