
Desolación
Que el arte, en cualquiera de sus expresiones, no cambia el mundo ni endereza la torcida dirección de la Historia, sólo estaría dispuesto a discutirlo por no dejar a nadie con la palabra en la boca. Vale lo dicho para la muestra que se expone en las Naves de Gamazo, bajo el título “DOOM CITY. Del ser nómada al ser sin lugar”, firmada por Montserrat Soto.
Con cuadros, unos de una sola fotografía y, otros, con composiciones abigarradas de muchas, entreveradas con recortes de prensa de distintos tiempos y lugares, la artista presenta a quienes entramos en la sala expositiva -no importa tanto el proceso creativo seguido, como su resultado- un panorama de espacios cerrados y abiertos, repartidos por el mundo, expresión de la desolación, exentos de seres humanos, como si hubieran sido arrojados a los márgenes de la historia por otros seres humanos, exentos de humanidad, que suplen con disposiciones legales, cargadas de injusticia.
El subtítulo de la exposición dice lo que en ella se muestra con una profusión de esclarecedoras imágenes, que en todas las direcciones llevan a unas puertas cerradas para quienes han sido dejados fuera, que difícilmente encontrarán un lugar en el mundo, que no esté a la intemperie, sujeto a todos los rigores naturales y políticos.
Y, no, esta muestra artística tampoco va a cambiar el mundo ni va a redirigir su devenir, que viene tendiendo a la exclusión, como no dejamos de comprobar cada día. Pero sí impele a la reflexión, apelando a la sensibilidad, a través de la objetivación, en forma de obra de arte, de un estado de cosas, al que se ha ido llegando, que, con sólo mostrarlas, denuncia implícitamente. Esa es una de las prerrogativas de arte.
Durante todo el recorrido de la exposición se oye un viento de tormenta del desierto, que a través de los sentidos asuela el espíritu de quien la va mirando, infundiendo en él no muy halagüeños presagios.