
La vida cuando ves que no tienes adónde ir
David ha podido hablar con EL FARADIO desde el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. Su madre ha sido ingresada cuando pretendían echarlos de su casa. Llegó la comitiva judicial y también una ambulancia para atender y llevarla hasta el centro hospitalario. Él se fue con ella y ya sólo quedaba sacar sus enseres personales de la que era su casa.
La ansiedad atravesando tu puerta. No te espera fuera. Ya forma parte de ti. La sensación de que te has quedado sin nada. «Tocar fondo», decía David. Pero con la idea de rehacerse y seguir adelante. No hay otra. Pero ya se han escuchado demasiados casos de personas que se han rendido ante un momento tan traumático. Los activistas, en las convocatorias para tratar de frenar desahucios, apelan al ‘No son suicidios, son asesinatos’.
Nunca se sabe dónde está el límite de aguante de una persona. Cuál es el umbral a cruzar para que sólo quede la desesperación. Ante ese tipo de momentos, son recursos lo que hace falta. Para atender la salud mental. Y estas situaciones, además, no son nuevas. Llevamos desde 2008 hablando de desahucios, de lanzamientos hipotecarios, de deudas impagadas, dación en pago y una serie de términos que eran desconocidos para buena parte de la sociedad civil, y que hoy se conocen porque este drama sigue ocurriendo a diario.
Y de salud mental se viene hablando, al menos, desde la pandemia. Las secuelas que emergen en personas que perdieron una parte de su adolescencia encerrados en casa, o con normas muy extrañas a seguir, o los niños que se enfrentaron a esa situación distópica y quizá nunca entendieron muy bien el por qué. También hizo mella entre población más mayor, sobre todo la muy mayor.
Si llega un momento en que hay un cierto consenso social sobre lo delicada que puede ser la salud mental de una persona sometida a un trastorno complicado, los desahucios deberían poder tener esa atención extra. Es decir, algo que vaya más allá de un auto judicial. Si se decreta que una persona o una familia tiene que abandonar su hogar, hay que tener algo previsto. Por un lado, alternativa habitacional. Pero, por otro, una especie de protocolo que diga que hay que atender especialmente a quien tiene que soportar una experiencia de este tipo.
Se utilizan habitualmente expresiones del tipo ‘mentalidad de hierro’ para definir a personas que aguantan de todo y siguen adelante, sin apenas quejarse. Como si todo el mundo tuviera que ser igual. Porque si no tienes ‘mentalidad de hierro’ eres una blandengue, un quejica, una cobarde o, simplemente, alguien débil.
La psicología cada vez afina más en los procesos que atraviesa una persona con problemas graves. Y se identifican varias posibles derivas en quienes pierden su casa o están a punto de hacerlo. La ansiedad, el estrés, un sentimiento de fracaso que conduce a perder la esperanza y caer en la depresión, o incluso sufrir un trastorno de estrés postraumático, sobre todo si un desahucio se produce por la fuerza.
David se siente completamente defraudado por el Estado. No lo han defendido a él ni tampoco a su madre de 77 años. Es más, se han visto obligados a abandonar su hogar sin tener otro en el que poder meterse. Le han llegado a hablar, desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de Bezana, de unas ayudas al alquiler, pero eso es algo que hay que tramitar y no era la solución necesaria para el martes, 1 de abril, día del desahucio. Por otro lado les han hablado del centro Princesa Letizia, un lugar de acogida para unos pocos días, pero lo que María Antonia y David requieren es un sitio donde poder descansar, dormir y asimilar la nueva realidad a la que se enfrentan.
Afortunadamente, durante su estancia matinal en Valdecilla ha aparecido una casa en la que pueden quedarse por un tiempo. La solidaridad de una persona ha sido la noticia del alivio.
Solidaridad es un concepto de componentes positivos que está detrás de muchas acciones que ayudan a entender la vida como algo que puede enriquecerse compartiendo cosas con otras personas. Sin embargo, para el momento en que una familia se queda sin casa, es difícil que sea suficiente para rellenar todo el vacío que queda.
Los lazos establecidos entre el Estado y su ciudadanía son muchos. Pero no consisten simplemente en obligaciones de los ciudadanos. La otra parte cumple otorgando servicios y derechos que van desde la atención sanitaria hasta el matrimonio de personas del mismo sexo. También está el velar por la convivencia y que las personas tengan un mínimo para desarrollar un proyecto vital con dignidad. Sin un hogar, es imposible. Las experiencias de ‘housing first’ están enfocadas en eso precisamente. Para que alguien que vive en la calle pueda encauzar su proyecto de vida hacia una senda positiva, lo primero que necesita es un techo. Después podrá ir llegando lo demás.
Durante la pandemia se vio claramente que la atención psicológica pública, en general, era insuficiente. Las citas son para mucho tiempo después de pedirlas, con lo que primero hay que aprender a convivir con los propios problemas, antes de que llegue una ayuda profesional. Y aquí volvemos al argumento muchas veces repetido: igual que muchísimas familias no se pueden meter en una hipoteca, y cada vez más tampoco en un alquiler, hay mucha gente que no se puede permitir psicólogo privado. Ha costado mucho ir superando aquello de que hace falta estar mal de la cabeza para ir al psicólogo, pero ahora lo que cuesta es que esa atención llegue a quien la demande, especialmente en situaciones traumáticas.
Es preciso recordar que, en España, las cifras ya se han asomado a los 4.000 suicidios al año. Una cifra que no está siendo suficiente para que se rompa el tabú y se hable de ello con una cierta normalidad. Se prefiere la ocultación, en lugar de llegar al fondo de esas cifras, saber qué significan, qué mensajes hay que entender en ellas y cuál es la mejor forma de actuar. En Santander ya se vivió esa situación, relacionada con la vivienda, con el suicidio de dos hermanas que iban a ser desahuciadas. Era 2022. En otros territorios ocurre con mucha más frecuencia, aunque el manto de silencio intente hacer ver que no. Cuando sucede, son muchas las lamentaciones, pero no derivan en que haya una mayor prevención para que suceda cada vez menos.
Si se pueden establecer dispositivos policiales formados por decenas de agentes que acuden a una vivienda, para ejecutar un desahucio, varias horas antes de que llegue la comitiva judicial, quizá se pueda hacer un esfuerzo mayor para tener alternativas habitacionales disponibles para estas situaciones, y también que haya una ayuda psicológica inmediata para tratar de trabajar con el problema.
Este martes, María Antonia y David han encontrado un regalo de solidaridad, pero no han podido contar con las instituciones, salvo por la atención sanitaria. Una vez que han salido del hospital, no han podido volver a su casa. Es un cambio de etapa muy significativo en la vida de una familia, y no se da por decisión propia. No es la primera vez que pasa. Eso merece una reflexión profunda.